lunes, 26 de agosto de 2013

De la ignorancia al conocimiento

Oseas 4:6 “Mi pueblo perece, por falta de conocimiento.” 

El camino que lleva de la ignorancia al conocimiento no es un camino fácil, no es un tema sencillo de abordar. Es un proceso que amerita del ser humano un momento de conciencia de sí mismo y de su entorno, que  lo impulse a tomar la decisión de querer buscar, investigar, escudriñar todo aquello que le puede ayudar a encontrar la verdad, debiendo para ello cuestionar todo lo que le han enseñado a lo largo de su vida, independientemente de que ello implique que la verdad sea muy diferente a lo que toda su vida creyó. En algunos casos las diferencias son muy pequeñas, pero en otras puede que la verdad sea todo lo opuesto a lo que ha sido su motivación de vida.

Querer llegar a probar una pisca de las aguas del conocimiento amerita un precio que no todos estamos dispuestos a pagar. Implica dejar de ser tan extremadamente  pasivos a toda aquella información que viene del exterior. Implica salir de la comodidad de que toda la información llegue a nosotros sin esfuerzo. Desde pequeños somos bombardeados con un gran cumulo de información proveniente de la educación, medios de comunicación, religión, música, deporte, arte, costumbres, tradiciones, prejuicios, política y pare de contar, que la mayoría de las veces llega a nosotros sin que seamos capaces de discutir o cuestionar nada de todo el torrente de datos que estamos recibiendo, quedándose en nosotros como verdades absolutas, y sin detenernos a pensar si lo que estamos observando o escuchando pudiera tener un trasfondo diferente.   

Vivimos en una sociedad en la que el interés primordial es alejar al ser humano de lo que es realmente importante para sí mismo. Como bien lo dice la santa palabra de Dios en el libro del profeta Oseas 4:6 “Mi pueblo perece, por falta de conocimiento.” Cuando dejamos la responsabilidad de nuestro razonamiento en otras manos y de manera pasiva esperamos que nos llegue la información ya digerida, corremos el alto riesgo de ser engañados fácilmente, condenándonos a vivir en la ignorancia, y llevándonos a perecer por falta del conocimiento verdadero. Esta ignorancia nos lleva a cometer un sin fin de errores, los cuales nos impiden ser beneficiarios de las grandes promesas de Dios.

Actualmente el mundo en el que estamos se empeña en mantenernos alejados de Dios, olvidando que es el verdadero creador de todo lo que existe, de lo que conocemos y de lo que no conocemos, de lo visible y lo invisible, el dueño de todo lo que somos y lo que tenemos, el que nos ha dado la licencia de estar en este mundo aquí y ahora. La sociedad hace que cada día el ser humano sea más físico y material por encima de lo espiritual, bombardeándolo cada día con incontables informaciones que en la mayoría de los casos son manipuladas, que hacen que el ser humano se convierta cada vez mas insensible, frio, egoísta, individual e inhumano, queriendo obtener ganancia de todo aun si ello conlleva hacer mucho daño a los demás. 

Esto lo logra el enemigo de una manera muy sutil y efectiva, manteniéndonos ocupados o distraídos en el circo del mundo: En el consumismo, industria de la tecnología, industria televisiva, noticias, publicidad, farándula, deporte, ciencia, lo actual, la moda, ocultismo; vendiéndonos falsos patrones a seguir para alcanzar el éxito, logrando con ello que el ser humano sea un elemento pasivo en cualquier campo en el que se desempeñe. 

Los invito a buscar la verdad y no esperar que se la cuenten, recuerde que cada quien puede tener una versión de algún suceso e incluso añadir o quitar cosas según la conveniencia, por lo que lo mejor es que busque la verdad por sus propios medios sin miedo con lo que se pueda encontrar. Enfrentémonos a la verdad para conquistar la libertad, como nos dice la palabra de Dios en Juan 8:32 “y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres.”

Si de corazón queremos ser libres hagámonos participes de la promesa de Dios de ser libres a través de su palabra. Vayamos de corazón y sinceramente a buscarla, nos sorprenderá el gran conocimiento que Dios tiene para nosotros, para pasar de esa ignorancia pasiva y mortal, al conocimiento activo en su palabra, comprendiendo sus promesas, su obra en nuestras vidas y desvelándonos las verdades del mundo que nos rodea. Jeremías 3:33 “Clama a mí, y yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces.”

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