El camino que lleva de
la ignorancia al conocimiento no es un camino fácil, no es un tema sencillo de
abordar. Es un proceso que amerita del ser humano un momento de conciencia de sí
mismo y de su entorno, que lo impulse a
tomar la decisión de querer buscar, investigar, escudriñar todo aquello que le
puede ayudar a encontrar la verdad, debiendo para ello cuestionar todo lo que
le han enseñado a lo largo de su vida, independientemente de que ello implique
que la verdad sea muy diferente a lo que toda su vida creyó. En algunos casos las
diferencias son muy pequeñas, pero en otras puede que la verdad sea todo lo
opuesto a lo que ha sido su motivación de vida.
Querer llegar a probar
una pisca de las aguas del conocimiento amerita un precio que no todos estamos
dispuestos a pagar. Implica dejar de ser tan extremadamente pasivos a toda aquella información que viene
del exterior. Implica salir de la comodidad de que toda la información llegue a
nosotros sin esfuerzo. Desde pequeños somos bombardeados con un gran cumulo de información
proveniente de la educación, medios de comunicación, religión, música, deporte,
arte, costumbres, tradiciones, prejuicios, política y pare de contar, que la
mayoría de las veces llega a nosotros sin que seamos capaces de discutir o cuestionar
nada de todo el torrente de datos que estamos recibiendo, quedándose en
nosotros como verdades absolutas, y sin detenernos a pensar si lo que estamos
observando o escuchando pudiera tener un trasfondo diferente.
Vivimos en una sociedad
en la que el interés primordial es alejar al ser humano de lo que es realmente
importante para sí mismo. Como bien lo dice la santa palabra de Dios en el
libro del profeta Oseas 4:6 “Mi pueblo
perece, por falta de conocimiento.” Cuando dejamos la responsabilidad de
nuestro razonamiento en otras manos y de manera pasiva esperamos que nos llegue
la información ya digerida, corremos el alto riesgo de ser engañados
fácilmente, condenándonos a vivir en la ignorancia, y llevándonos a perecer por
falta del conocimiento verdadero. Esta ignorancia nos lleva a cometer un sin
fin de errores, los cuales nos impiden ser beneficiarios de las grandes
promesas de Dios.
Actualmente el mundo en
el que estamos se empeña en mantenernos alejados de Dios, olvidando que es el
verdadero creador de todo lo que existe, de lo que conocemos y de lo que no
conocemos, de lo visible y lo invisible, el dueño de todo lo que somos y lo que
tenemos, el que nos ha dado la licencia de estar en este mundo aquí y ahora. La
sociedad hace que cada día el ser humano sea más físico y material por encima
de lo espiritual, bombardeándolo cada día con incontables informaciones que en
la mayoría de los casos son manipuladas, que hacen que el ser humano se
convierta cada vez mas insensible, frio, egoísta, individual e inhumano,
queriendo obtener ganancia de todo aun si ello conlleva hacer mucho daño a los demás.
Esto lo logra el
enemigo de una manera muy sutil y efectiva, manteniéndonos ocupados o
distraídos en el circo del mundo: En el consumismo, industria de la tecnología,
industria televisiva, noticias, publicidad, farándula, deporte, ciencia, lo
actual, la moda, ocultismo; vendiéndonos falsos patrones a seguir para alcanzar
el éxito, logrando con ello que el ser humano sea un elemento pasivo en cualquier
campo en el que se desempeñe.
Los invito a buscar la
verdad y no esperar que se la cuenten, recuerde que cada quien puede tener una
versión de algún suceso e incluso añadir o quitar cosas según la conveniencia, por
lo que lo mejor es que busque la verdad por sus propios medios sin miedo con lo
que se pueda encontrar. Enfrentémonos a la verdad para conquistar la libertad,
como nos dice la palabra de Dios en Juan 8:32 “y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres.”
Si de corazón queremos
ser libres hagámonos participes de la promesa de Dios de ser libres a través de
su palabra. Vayamos de corazón y sinceramente a buscarla, nos sorprenderá el
gran conocimiento que Dios tiene para nosotros, para pasar de esa ignorancia
pasiva y mortal, al conocimiento activo en su palabra, comprendiendo sus
promesas, su obra en nuestras vidas y desvelándonos las verdades del mundo que
nos rodea. Jeremías 3:33 “Clama a
mí, y yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no
conoces.”
